¿Cómo no me va a gustar el fútbol si Luis Aragonés tenía un amigo japonés que era sexador de pollos?

Cien razones para amarte LXXXV

Esta es la Octogésima quinta entrega de la serie de artículos CIEN RAZONES PARA AMARTE sobre Alcalá de Henares con que nos deleita nuestro colaborador Antonio Lera sobre las cien razones que le han llevado a amar esta ciudad.

Para Alberto, casi un hijo, no pares de correr por la banda.
Y para Paco, amigo, nunca dejes de luchar zaguero
Madridistas ambos por desgracia

Mi corazón es colchonero y mi alma atheticzale. Y eso, en realidad, tiene que ver muy poco con el fútbol. Y a la vez todo. Mi color el rojiblanco, porque como decía Almudena Grandes, el rojiblanco es un color. Un sentimiento, una pasión, un nexo de unión. Como no sentirlo, con las emociones todavía a flor de piel por la reciente inauguración oficial de la Peña Athletic Club Koslada. Con la cuadrilla, mi cuadrilla. Goiko firmando balones y camisetas y Manolo Delgado Meco haciéndonos cantar a todos. Mesas redondas compartiendo vino,entrecots y risas, y derbi de parientes de resultado, al menos para mí, intrascendente. Gracias Nano, hermano, por llevarme al lado luminoso de la vida.

Tocaba hablar de fútbol. Y sí, lo sé, podríamos ponerle mil pegas, a veces es más circo que deporte y siempre más negocio que otra cosa. Pero no puedo evitarlo, seré un
simple, me emociona como pocas cosas en la vida, Y como a mí, a miles, a millones. De todo
habrá, como en botica. Seguro que hasta el mundo del coleccionismo de ositos de peluche
tiene sus energúmenos. Pero que gracias al fútbol he hecho grandes amigos y he pasado
momentos inolvidables es innegable, y a quien me lleve la contraria le atizo con la bufanda
de mi equipo. El fútbol es como la música en directo, por muy mala que sea o muy poco que
te guste la banda, con una pizca que pongas de tu parte y con que haya algo de buen
ambiente, lo vas a disfrutar seguro. Para entenderlo sólo hay que ir a ver un partido al
campo, lo vas a flipar, tengo testimonios de primera mano. Si es en San Mamés o en el >Metropolitano, lo ideal habría sido el Calderón, una lagrimita se desliza por mi mejilla en este instante, mejor que mejor. O en el Toralín, hala, a buscar todo el mundo en Google.Aunque, por no irnos muy lejos y ya que esto va de Alcalá de Henares, en el Estadio
Municipal del Val
también valdría.


La Real Sociedad Deportiva Alcalá. Casi un siglo de Historia, a un añito vistas. Uno de los clubs de fútbol más antiguos de la Comunidad de Madrid, aunque nunca haya llegado a jugar más allá de Segunda B. Eso sí, Real desde 1924 por gracia de Alfonso XIII y con Felipe VI, ex principito heredero corazoncito de colchonero, ejerciendo de Presidente de Honor, de esos que ponen la imagen pero no hacen nada. Ni aposta. Grandes jugadores de primera salieron de su cantera, pero yo me voy a quedar con dos, la querencia me puede. Juan Carlos Pedraza y Gabi Moya galoparon hogareños sobre la hierba del Calderón, y eso, ay amigo, no me lo igualan ni Pepe Mel, ni Calderé, ni Jaime.

Durante un año jugué, poco y mal, que yo iba por las cervezas de después, en un equipo de fútbol 7 que montamos unos cuantos conocidos. Mi nexo de unión fue la Peña del Athletic de Koslada, y nuestros esfuerzos deportivos previos al tapeo los realizábamos en las instalaciones deportivas del Club Deportivo Avance. Quedamos segundos en nuestra categoría, Viejunos B creo que era, pero a causa de unas futuras exigencias de resultados deseadas por algunos, que preferían quedar primeros, mi aventura balompédica terminó esa temporada, ya que para mí, a pesar de lo que dijera el gran Luis Aragonés, lo importante era divertirme. Aun así tengo muy buenos recuerdos del equipo, a pesar del frío mañanero de algunos domingos invernales y de tener que compartir ducha con algún morlaco de carnes excelsas. Lejos queda ya mi primera aventura futbolera alcalaína, allá por mis años universitarios. Todavía conservo la camiseta, bien guardada, que ponérmela sería reconocer el evidente paso de los años y la obvia expansión de mi cuerpo.

Alberto jugó durante muchos años en el Espartales. Desde que era un niño. Creando afición, forjando carácter, aprendiendo sacrificio. El suyo y el de tantos y tantos padres que cada domingo madrugan para llevar a sus hijos a campos que en ocasiones están donde Cristo perdió el mechero y son auténticas encerronas de insultos y amenazas por parte de la irracional hinchada local. Es el peor lado del fútbol, el más triste. Niños viendo a sus padres comportarse como animales, árbitros corriendo para no ser apaleados y entrenadores sin sueldo ni beneficio que regalan su tiempo por amor al arte increpados por los que piensan que sus hijos no juegan lo suficiente. Aun así compensa, que se lo pregunten a Alberto, jugando al fútbol ha hecho amigos para toda la vida. Que digo amigos, hasta cuñados.

El fútbol se respira en Alcalá de Henares. Muchos son los clubs que acogen a cientos de niños y jóvenes entre diario para los entrenamientos y los fines de semana para los partidos. El Complutense, el Ciudad de Henares, el Atlético Alcalá… Y muchos son los maduretes que se juntan los sábados o los domingos a echar una pachanga en alguna de las ligas para viejos nostálgicos que existen en la ciudad. Cientos de balones rodando por el césped, casi siempre artificial, mucho mejor que la tierra traicionera de años atrás, siendo maltratados por botas de marca y tacos de aluminio. Miles de toques de pelota, regates imposibles, pases a la banda y remates de cabeza. Y de vez en cuando un gol, el éxtasis supremo, el orgasmo asexuado que termina en abrazo colectivo y palmaditas en el culo. De ahí a la orgía un paso. El gol, la última frontera, la finalidad suprema, el objetivo culminante. Millones de gargantas gritando Iniesta de mi corazón. Si dices que ese día no vibraste mientes, como cuando dices que ves los documentales de la 2 o que no sabes quién es Belén Esteban.

Sé que hay otros deportes. Algunos incluso han tenido y tienen mucha más relevancia en Alcalá que el fútbol. El baloncesto, el balonmano, el fútbol sala, el ciclismo. Hay grandes escuelas de natación, de tenis y atletismo, y seguro que alguna más que desconozco. Mis disculpas. Y sé que a veces es injusto. Sueldos millonarios, atención desmedida, permisividad injustificable hacía la violencia y el racismo, críos millonarios con dos dedos de frente a los que se les consiente todo e ídolos de barro que al final son tan humanos como cualquiera de nosotros. Ya lo decía George Best después de retirarse, “gasté mucho dinero en coches, alcohol y mujeres. El resto lo malgasté”. No es fácil resistirse si eres famoso y tienes el bolsillo lleno de billetes. En cualquier caso, cuando cada dos domingos veo a la gente caminar feliz bajo mi casa, camino del Estadio Municipal del Val, a ver jugar al Alcalá, vestidos con sus camisetas y sus bufandas, agitando banderas y coreando himnos, no puedo evitar recordar cuando iba al Calderón y me recorría esa sensación de euforia que duraba hasta el pitido final. A la salida, en eso me temo que compartimos experiencia ambas aficiones, la felicidad solía trocarse en decepción. Pero orgullo siempre. De las chicas del Atleti no me olvido, merecen capítulo aparte.

“Y ganar, y ganar, y ganar, y volver a ganar, y ganar, y ganar, y ganar,
y eso es el fútbol, señores”.

Luis Aragonés
Alias Zapatones, el sabio de Hortaleza

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