Un sábado cualquiera en Alcalá de Henares

CIEN RAZONES PARA AMARTE  es la sección sobre Alcalá de Henares con que nos deleita nuestro colaborador Antonio Lera sobre las cien razones que le han llevado a amar esta ciudad y que parece que tiene vida para largo

Todo esto en sólo un sábado. Todo esto gratis. Todo esto en Alcalá de Henares. Cinco motivos en uno para amar esta ciudad, para vivirla, para disfrutarla, para sentirla.

Yo, que tengo la cabeza a pájaros o eso me decía mi abuela, y que a veces vivo en mundos totalmente ajenos a la realidad, no puedo evitar trasponer las experiencias vitales, las mías y las que observo, y encontrarlas su correlativo subjetivo en el mundo del cine. Y digo subjetivo porque casi siempre carecen de la más mínima objetividad. Todo lo cual viene al hecho de que después de un sábado tan completo, entre lo que viví y lo que me contaron, no se me vino a la mente otra idea que compararlo a dos grandes películas, sin llegar a obras maestras, que tuvieron cierto influjo en mi juventud, Todo en un día y ¡Jo, qué noche!, aunque lo cierto es que poco tengan que ver sus argumentos con lo ocurrido, menos los de la segunda que los de la primera, que a fin de cuentas no recuerdo que terminara la noche perdido en la ciudad con los bolsillos vacíos y sin ser capaz de volver a casa. Pero casi. Lo de volver a casa, lo de los bolsillos vacíos no.

Y digo que lo de los bolsillos vacíos no, porque todo lo que hice y de lo que disfruté ese sábado en Alcalá de Henares lo pude hacer totalmente gratis. O así hubiera sido si no fuera por las cervezas con las que acompañé los eventos, culturales y musicales, a los que decidí ir, que, por no tener el don de la bilocación, me perdí alguno igualmente gratuito. He de excluir de este catálogo el examen de oposición que tuve en Madrid por la mañana, que ese entre tasas y gasolina sí que me salió por un pico. Largas filas de mal disimulado optimismo esperando a que un señor con carpeta en mano, previa muestra del DNI, diera acceso a los aspirantes a un aula abarrotada de sueños tan tristes como el de tener un trabajo fijo. Cuando llegó mi turno no pude evitarlo, “crucifixión” le dije al portero improvisado, y él, demostrando cierto nivel de cultura cinéfila, me contestó que siguiera al fondo y cogiera una cruz. Ni un solo día sin una referencia a los Monty Python.

Pero me estoy desviando, lo de la cabeza a pájaros, que lo que yo quería contar, y presumir de ello, es que en Alcalá de Henares puedes pasar un sábado de exposiciones, conciertos y actos culturales sin la normalmente obligatoriedad de pasar por caja. Y eso dejando a un lado las salas y museos públicos a los que se da por sentado que se accede gratis, previo pago, evidente y necesario, del abono de nuestros impuestos. Que todavía hay gente que se piensa que los colegios, las carreteras y los hospitales se hacen solos, por arte de magia.

Para empezar, recién aterrizado desde la capital, a tirar la mochila sobre un sillón apenas me dio tiempo, en Agua de Mayo la inauguración de una más que interesante exposición de pintura de uno de nuestros sin duda más prometedores artistas locales,Zazuel Ignoto. En realidad, voy a ser redundante, es ya una realidad. Retratos que emocionan y te hacen reflexionar, presentados en la mejor compañía posible, la de los socios de una asociación que ya forma parte por derecho propio de la idiosincrasia de Alcalá de Henares. Hasta septiembre estarán colgados los cuadros de Zazuel en nuestras paredes, casi medio año para acercarte a disfrutarla y de paso a conocernos.

Comer, echar la siesta, ducharse, acicalarse, o al menos intentarlo, y de camino al O´Malleys, a ver, o mejor a escuchar, que tampoco es que sean muy guapos, aunque eso sí, colchoneros, a Blues del Foro. Un par de locos armados con guitarra y armónica que hicieron vibrar a un local abarrotado con su blues en español cargado, en contra de lo que el género en principio exigiría, de letras divertidas y ocurrentes de las que con la que yo me quedo, me puede la sangre rojiblanca, es con la de “el monstruo del Manzanares”. Fernando José Figueroa y Rafa Sideburns dándolo todo, y el público agradeciéndoselo a base de aplausos, risas y cariño. Y de propina en un copón al más puro estilo de piano-bar americano. Taquilla inversa opcional y voluntaria, que la entrada era por la cara.

Un poco antes, no muy lejos de allí, y con la diferencia entre ambos actos de apenas una hora, se presentaba un libro en la librería Diógenes,lo cual tiene lógica, no van a presentar la colección de ropa de baño para el próximo verano, y los Two Sparrows tocaban, también gratis, no ellos, que espero que algo les pagaran, en La Corrala escondida, que evidentemente es un nombre retórico porque si de verdad estuviera escondida muy mal para el negocio. Se me comentó, se me avisó, las redes sociales lo gritaron, y por lo visto la gente respondió. Yo no, que se me hacían como que demasiado temprano para las necesidades de descanso que mi cuerpo me requería. A los Two Sparrows por suerte ya los he visto en otras ocasiones, y estoy seguro de que estuvieron geniales, como siempre. En cuanto al libro, si me quedé con las ganas de asistir a la presentación, no me ocurrirá lo mismo con las de leerlo. Ya el título y el tema me resultan llamativos, y la reseña de Canichu, una institución de la vida cultural y canalla alcalaína, no sabría decir si más de la una que de la otra, bueno, en realidad sí sabría, pero mejor me lo callo, han despertado en mí cierta curiosidad que sólo desaparecerá rascándome a base de lectura. La frontera azul, de Jorge Matías, lo que decía del título, referencia a una serie japonesa de los años setenta que sirvió para dar nombre popular al oficialmente denominado barrio del Polígono de Puerta de Madrid, porque transcurría en torno a Liang Shan Po, territorio nipón de desheredados y delincuentes, y de ahí, para eso de hilar fino con la ironía de las nomenclaturas tenemos en España mucha guasa, lo de Lianchi, que economizar letras ahorra tiempo.

A lo que sí asistí, y no me podía perder de ninguna manera, fue al tributo a Megadeth, grande Dave Mustaine, y Metallica que Master of Extinction ofrecían en la Dulce Harley, garito de moteros, rockeros y metaleros que se prodiga todos los sábados en la noche, casi madrugada, y últimamente también los domingos a la sagrada hora del vermut, con este tipo de conciertos. Yo, que, aunque el pelo en mi cabeza ahora brille por su ausencia puedo jurar y perjurar que he agitado mi melena en la sala Canciller más de lo que la salud de las vértebras de mi cuello recomendaba, siempre que puedo acudo, que el ambiente y el tipo de música van mucho con mi espíritu, que ya no tanto con mi cuerpo. El cover está de moda, pese a que a muchos puristas les parezca que se está cargando las oportunidades de muchas bandas que hacen música propia. Tal vez tengan razón, pero por otro lado ver a los auténticos ACDC o Iron Maiden en directo no está al alcance de todo el mundo. Del mío no, desde luego, y a falta de angulas, pues habrá que conformarse con la gula del norte. Los Master of Extinction, por cierto, brutales, de lo mejor que he visto y escuchado en la Dulce Harley.

Todo esto en sólo un sábado. Todo esto gratis. Todo esto en Alcalá de Henares. Cinco motivos en uno para amar esta ciudad, para vivirla, para disfrutarla, para sentirla. Para viajarla sin necesidad de coche, recorrerla paso a paso, deteniéndose en sus rincones, buscando tu lugar, ese sitio en el que sabes que vas a encajar con sólo sentir el ambiente. Y lo vas a encontrar seguro, porque hay muchas opciones, aunque quizá, a pesar de mi optimismo incorregible he de decirlo, no tantas como antes. Aun así, existen, están, sólo hay que buscarlas. Aparecerán, y además, en muchas ocasiones, serán incluso gratis. El único precio a pagar es arriesgarte. No te quedes en casa.