Mujeres Infinitas por Maribel Domínguez
1509 Zalamea de la Serena – 1592 Santiago de Chile. Esposa legítima del conquistador de Chile Pedro de Valdivia.
La historia de Marina es una más de aquellas mujeres que se quedaron en la península mientras sus maridos se marcharon al Nuevo Mundo, en busca de conquista y fama. Nuestra protagonista viajó a las américas por una orden del rey, que obligaba a “unir de nuevo” a los matrimonios legítimos que se habían separado por motivos de la conquista y ya de paso, evitar relaciones extraconyugales. Su marido, Pedro de Valdivia vivió una intensa historia de amor con la conquistadora Inés Suárez.
Nacida en la localidad de Zalamea de la Serena, Badajoz en 1509, fue hija de un hidalgo y una noble dama castellana. Siendo niña, acudía a misa con su criada. Escuchando una homilía, se fijó en un soldado alto, aguerrido y curtido en batallas. Era Pedro de Valdivia, un militar más bien pobre, que había luchado en Flandes y en Italia al servicio del rey. Ella se enamora perdidamente y así se lo hace saber a su familia. Pedro ve en Marina la posibilidad de acceder a una familia acomodada y a una estupenda dote. Las familias no tienen inconveniente en su casamiento. Pedro ya tenía treinta años, pero Marina era una niña y tienen que esperar a que empiece a menstruar para poder celebrar la boda. Cumplidos los trece años de Marina, se casan. La familia de la novia aporta una generosa dote: tres mil pesos en oro. Y se dedican a vivir en una finca agrícola de la familia.
Al poco tiempo de casarse, Pedro se ve prendado por las historias de conquista y riqueza que llegan a sus oídos sobre el Nuevo Mundo y decide emprender viaje, buscando oro y aventuras. Lo hace con la dote de la boda, prometiendo a su joven esposa que volverá a buscarla, cuando alcance en las américas una buena posición. Se despide de ella con un casto beso. Nunca más se volvieron a ver.
Durante diecisiete años, la joven Marina estuvo refugiada en la oración, esperando carta de su marido. Imaginemos a esa mujer tan joven y sola, en su hacienda extremeña refugiada en la iglesia y en la oración. Le llegaban algunas, junto con algún dinero que enviaba de las Indias. En dichas cartas Pedro nunca le mencionó la relación que mantenía con Inés Suárez, con la que estuvo más de diez años.
En 1548 por orden del rey, se obliga a los conquistadores de los nuevos territorios a traer a sus esposas. Pedro es obligado a abandonar a su amante. Y Marina comienza a preparar su viaje al Nuevo Mundo. Esto le cuesta tres años. Su marido le había prometido ser gobernadora de un territorio en el Nuevo Mundo. Sus dos hermanos la financian y viajan con ella. Con un lujoso equipaje y toda su parentela emprenden su periplo para ver a su marido casi veinte años después de casarse. En 1554 llegando a las costas de Panamá recibe la noticia de la muerte de Pedro, a manos de los mapuches araucanos, quienes le desollaron y le comieron vivo, tardando tres días en morir.
En Chile habían nombrado un nuevo gobernador y su marido, tan solo le había dejado muchas deudas. Sus bienes fueron subastados para subsanar las deudas. Marina llega a la ciudad de los Reyes en Lima. El virrey intenta que vuelva de nuevo a Castilla. Pero ella se empeña en llegar a Chile, el país que había conquistado su marido. y continúa el viaje. Cuando llega a Santiago de Chile vende todas sus joyas y enseres para establecerse en el Nuevo Mundo y reclamar la herencia de Pedro.
ensemos que Marina se enamoró del nuevo mundo y tuvo el arrojo suficiente para establecerse allí y emprender una nueva vida. Después de mucho papeleo se le concede un repartimiento de indios y una pequeña tierra con la que puede sustentarse. Comienza a pedirle al rey una pensión vitalicia, que nunca obtiene. Pero fue capaz de vivir allí durante muchos años y salir sola adelante. No se volvió a casar, ni tuvo descendencia. En Santiago, doña Marina vino “a encerrarse en la soledad del dolor, haciendo ofrenda a esa misma poética significación”. La primera viuda ilustre de Santiago dejó establecido el culto de a la Virgen de la Soledad, que todavía tiene un templo erigido en su nombre. Muere en el año 1592 a la avanzada edad para la época de 83 años.
Muchos chilenos pertenecientes a la élite del país afirman ser descendientes de los dos hermanos de Marina, don Diego y don Cristóbal, y de los demás miembros de la tripulación que acompañó a Marina en su viaje. Es curioso que en Chile no se hable de la descendencia de Pedro de Valdivia y de Inés de Suárez (tampoco la tuvieron), pero sí se hable de la de la familia de Marina Ortiz de Gaete, aunque ella tampoco tuviera hijos. Los chilenos veneran la figura de esta mujer, que siendo de buena familia, casada con el conquistador de Chile, al que no volvió a ver, se quedó allí a vivir.