Mujeres Infinitas por Maribel Domínguez
MARÍA CALDERÓN (Madrid 1611 – Valfermoso de las Monjas, Guadalajara 1646).
Actriz del siglo de oro. Apodada “La Calderona” y “Marizápalos”. Uno de los personajes que más admiro de nuestro siglo de oro.
María Calderón fue un bebé expósito, abandonado a las puertas de la casa de Juan Calderón. Este hombre que estaba muy vinculado al mundo del teatro la adoptó. Así que creció vinculada a los escenarios. A los dieciséis años ya actuaba y cantaba. Desde muy joven destacó por su enorme talento y también por su belleza. Fue muy popular y querida por el pueblo, admirada por las clases altas y por la monarquía. Conocida por el apodo de “la Calderona” por su apellido y “Marizápalos” por una canción popular barroca que ella interpretaba muy bien.
Hay que decir que, en nuestro siglo de oro, la época en la que vivió María, las actrices estaban consideradas casi prostitutas por su forma de vida. Sin embargo, hay que destacar que estas mujeres dedicadas a la escena eran personas que al menos sabía leer y escribir, estudiaban e interpretaban los textos y solían ser habituales en las tertulias literarias.
En España, a diferencia de Inglaterra, en el siglo XVII se permitía que las mujeres se subieran a un escenario (cosa que tenían prohibido las actrices inglesas). La única condición que se les imponía a las españolas era que estuvieran casadas. Debido a esto, entre las artistas había bastantes matrimonios de conveniencia. María Calderón se casó muy joven, pero era muy libre en asuntos amorosos. Se le conoció numerosos amantes, entre ellos un conocido cómico, el Duque de Medina de las Torres que era el viudo de la hija del Conde Duque de Olivares. Pero el amante más importante fue el rey Felipe IV, idilio conocido y fruto del cual nació un hijo llamado Juan José de Austria. Fue un hijo bastardo, un “hijo de la tierra”, evidentemente, pero el rey lo reconoció cuando el joven cumplió catorce años. Pudo haber reinado, no lo hizo, aunque eso merece un capítulo aparte.
La plaza Mayor de Madrid, en esa época, era escenario tanto de corridas de toros, como de espectáculos públicos, y de obras de teatro. Ella tenía allí su balcón real para estas ocasiones. La reina, esposa de Felipe IV, se puso celosa y el rey mandó construir un balcón para María más discreto que aún se conserva. Está en un arco de la Plaza Mayor que da a una calle ciega, una calle sin salida, la calle Boteros. En una de mis visitas a la plaza madrileña estuve buscándolo hasta que lo encontré. Era conocido como el balcón de Marizápalos.
La relación con el monarca y el nacimiento de su hijo le costó dejar su carrera. Se le obligó a ingresar en un monasterio en Valfermoso de las Monjas, en la provincia de Guadalajara. La leyenda cuenta que se enamoró y se fugó con un bandolero. Huyendo del convento se escondieron y en los montes donde acabó sus días. Hay una sierra entre Valencia y Castellón que se llama Sierra de la Calderona, pero esto como hemos dicho forma parte de la leyenda. Estuvo casi quince años de monja, llegó a ser abadesa del monasterio y allí terminó sus días en 1646. Su vida apasionante me ha despertado muchas ganas de leer el libro de Elvira Menéndez que recoge la biografía de esta interesante mujer.
