Mujeres Infinitas por Maribel Domínguez
ISABEL DE BARRETO (1567-1612).
Primera mujer almirante en la Armada Española. Conocida como la reina de los mares del sur.
Los navegantes de nuestro siglo de oro no sólo viajaron hacia América, también lo hicieron hacia el Pacífico. Uno de ellos, Álvaro de Mendalla, esposo de nuestra protagonista, viajó a las islas Salomón, un archipiélago de islas situadas en el Pacífico Sur, al noroeste de Australia.
No está claro el lugar de nacimiento de Isabel. Algunos dicen que nació en Pontevedra y otros que nació en Lima. En cualquier caso, era descendiente de ricos comerciantes y su familia estaba relacionada con las altas élites del Virreinato de Perú. Como mujer del siglo XVI no es que quisiera ser almirante de la armada, lógicamente ese terreno laboral estaba vetado a las mujeres, que como todos sabemos, solo tenían la posibilidad de ser esposas o religiosas. Fueron las circunstancias principalmente, sumadas a su arrojo y valentía, las que hicieron que Isabel se convirtiera en almirante.
Se casó muy joven, a los 19 años con Álvaro de Mendalla, que tenía 44. En 1595 se embarcó junto a él y sus tres hermanos. Usó su dote por propia voluntad para financiar esta expedición. Con 400 personas a bordo, incluidos mujeres y niños, con el fin de repoblar los nuevos territorios conquistados, ya que la legislación favorecía a la emigración familiar.
El esposo de Isabel, Álvaro, ya era adelantado de las islas Salomón y quiso volver a ellas. Le pasó un poco como a Cristóbal Colón, en la travesía se encontró con otras islas, las islas Marquesas, en la actual polinesia francesa, y las llamó así en honor al marqués de Cañete, que entonces era el actual virrey de Perú. Tras tres largos meses de travesía, llegaron a la isla de Santa Cruz, donde Mendalla murió de malaria. En su testamento nombró adelantada del archipiélago a su esposa Isabel y a su hermano Lorenzo Barreto, almirante de la expedición.
Su hermano perdió la vida unos días después por una escaramuza con los nativos de la zona. Así que Isabel tomó el cargo, convirtiéndose en la primera mujer de la historia en ostentarlo. Lo primero que hizo fue dirigirse a Manila en otro viaje de tres meses.
Conocemos la historia de Isabel gracias al cronista Pedro Fernández de Quirós, con el que no se llevaba muy bien. Según la crónica escrita por Quirós, Isabel era una “mujer dura, de carácter varonil y muy férrea en el mando”. Recordemos que este tipo de travesías no eran para nada un viaje de placer: se enfrentó a la incertidumbre de saber si iban o no a llegar a su destino, al hambre, a las enfermedades y, por si fuera poco, a los ataques de los nativos. Se dice que en la travesía tuvo que aplacar varios motines y mandó ahorcar a varios sublevados de la tripulación. Seguramente, si no hubiera sido por esta mano tan dura que tuvo nuestra almirante, hoy no estaríamos hablando de ella, pues hubiera sido ella la ejecutada. Finalmente, logró llegar en 1596 a Manila, donde fue recibida con honores por el Gobernador. Hecho insólito en la época, una mujer almirante que había conducido con éxito a su tripulación.
