Mujeres Infinitas por Maribel Domínguez
Beatriz de Bobadilla (Medina del Campo 1462 –1504).
Nuestra protagonista creció en la Corte siendo de familia noble. Sobrina de una dama de la corte de Isabel la Católica, la Marquesa de Moya, con la que comparte el mismo nombre y apellido, y que fue confidente y gran amiga de la reina.
Destacó por su belleza, así como por su fogosidad. Apodada “la cazadora”, por el cargo de cazador real que poseía su padre, y para así diferenciarla de su tía, con la que compartía nombre y apellido, la Marquesa de Moya, la amiga íntima de la reina Isabel. Fue conocida por sus amoríos, como el que mantuvo con el Gran Maestre de Calatrava, Rodrigo Téllez de Girón, a pesar de que éste tenía voto de castidad dentro de la orden. Fue amante del rey, Fernando el Católico. La reina, al enterarse, pronto le organizó una boda. La casó con Hernán Peraza y fue enviada a lo que por aquella época eran los confines del mundo conocido: nada menos que a la isla de la Gomera, en las islas Canarias. Para ambos fue un castigo. Para ella por el destierro y por una boda pactada que no deseaba, y para él porque fue una deshonra obligarle a casarse con una dama que tenía fama de ser la amante del rey y de tantos otros.
Fueron años de reconquista y lucha contra los aborígenes canarios. Su primer marido utilizó mano muy dura con ellos y un carácter dictatorial con la población. Al poco tiempo Beatriz quedó viuda. Hernán Peraza fue ajusticiado por los guanches gomeros, quienes no podían soportar más su gobierno tiránico y su extraordinaria crueldad. Tras este suceso, Beatriz pidió ayuda al gobernador Pedro Vera, conquistador de las islas Canarias. Tras la muerte de Peraza, Beatriz asumió el gobierno de La Gomera y El Hierro como tutora de su hijo, Guillén Peraza, heredero del señorío, hecho que provocó conflictos con su familia política.

En 1491 Cristóbal Colón comenzó sus viajes a Canarias. Fueron tres los viajes que hizo a las islas afortunadas. Se dice de él y de Beatriz que fueron amantes por la correspondencia epistolar que mantenían. En una de las misivas el almirante dice “estar encendido de amor por la señora de la Gomera. Más tarde, se casó con Alonso Fernández de Lugo, gobernador de la isla de Tenerife, convirtiéndose en señora de esa isla y participando activamente en la política. Abogó por exterminar a los guanches canarios y apoyó en la conquista a su segundo marido. Utilizó mano dura y cruel, consiguiendo el dudoso honor de que se la llámese “la dama sangrienta”. En 1504, debido a un emplazamiento judicial, hacen que se traslade de nuevo a la corte. Allí Beatriz amanece muerta, probablemente víctima de un envenenamiento.